1. Geografía Física: clima y paisajes únicos.
El archipiélago de las Islas Canarias se emplaza en el océano Atlántico, frente a la costa noroeste de África. Aunque pertenece políticamente al Estado Español (y a la Unión Europea), está situado a unos 100 kilómetros del sur de Marruecos. Su posición estratégica entre tres continentes: África, Europa y América, ha marcado su historia, su clima y su biodiversidad.
Las Canarias forman parte de un conjunto geográfico y bioclimático conocido como la Macaronesia, un término que agrupa a varios archipiélagos volcánicos del Atlántico Norte: Azores, Madeira, Salvajes, Cabo Verde y las propias Islas Canarias. Estos territorios comparten un origen volcánico, un clima suave influenciado por los vientos alisios y una flora única con numerosas especies que solo existen allí.
Estos rasgos que las convierten en un destino atractivo y singular, que ya desde la antigüedad, maravilló a los griegos que las llamaron Islas Afortunadas, imaginándolas como un paraíso cálido y fértil al final del mundo conocido. Más tarde los romanos relataron la presencia de enormes perros (canes) que terminaron dando nombre a este archipiélago.
Geográficamente, el archipiélago no es un bloque uniforme, sino un puzle de ocho islas con identidades propias. Las diferencias entre islas son patentes. En pocas horas puedes pasar del silencio volcánico de Lanzarote a los barrancos profundos de La Gomera, o de los cielos estrellados de El Hierro al bullicio cosmopolita de Santa Cruz de Tenerife. Pero también existen grandes diferencias dentro de cada isla a pesar de su pequeño tamaño. La propia Gran Canaria, que se vende a sí misma como “continente en miniatura”, no exagera: en una misma jornada se puede atravesar un norte verde y húmedo, un interior montañoso y un sur dorado y árido que parece sacado de otro país.
La explicación al porqué de estas difrencias está en la orografía y en los vientos alisios, que chocan contra las montañas más altas y dejan lluvias generosas en sus vertientes norte, mientras que el sur permanece seco y soleado. Por eso las islas occidentales (más elevadas) son húmedas y verdes, mientras que las orientales (más bajas y cercanas al continente africano) son áridas y luminosas. Esa diversidad climática ha determinado la agricultura, los asentamientos, la economía y hasta las formas de vida durante siglos.

2. Geografía Humana: población, cultura y organización del territorio.
Antes de que los navegantes europeos llegaran, las islas ya estaban habitadas. Los guanches y otros pueblos indígenas, con raíces bereberes, habían creado sociedades adaptadas a un territorio abrupto y fragmentado. Su legado sigue vivo en nombres de lugares, en ciertas palabras y en la memoria cultural del archipiélago.
Pero la llegada de los españoles transformó el mapa humano. A partir del siglo XV, Canarias se convirtió en un punto de encuentro entre castellanos, andaluces, portugueses y gallegos, que se asentaron en diferentes islas dejando una huella duradera. Los portugueses introdujeron técnicas agrícolas y el cultivo de la caña de azúcar; los gallegos aportaron tradición marinera; y los castellanos consolidaron las instituciones y el idioma… aunque aquí el idioma tomó vida propia. Porque en las islas el español se mezcló con influencias andaluzas y galego-portuguesas, creando ese acento suave y musical que hoy se reconoce al instante.
Canarias, además, se convirtió desde el siglo XVI en un trampolín hacia América. Miles de isleños buscaron futuro en Cuba, Venezuela o Puerto Rico, dejando allí costumbres y apellidos que todavía resuenan. Y en un giro casi poético, ya bien entrado el siglo XX, fueron cubanos y venezolanos muchos descendientes de aquellos canarios quienes regresaron a las islas, abriendo negocios, llenando los barrios de nuevos acentos y tejiendo una relación emocional que convierte al archipiélago en una especie de familia ampliada del Atlántico.
Ese cruce de culturas y geografías ha hecho de las islas un lugar singular, pero también delicado. Históricamente vivieron de la agricultura y del pequeño comercio, pero con la llegada del turismo, la economía dio un giro radical. Hoy, las islas reciben millones de visitantes al año y su prosperidad depende en gran parte de ello.
Durante siglos, la agricultura fue el sostén del archipiélago. Del azúcar al vino, del tomate al plátano, las islas se tejieron de productos comerciales continuando con la conexión con Europa y América. Además, la conexión con África nunca dejó de existir. Pesca, comercio, cooperación… Canarias está tan próxima a la costa africana que la relación forma parte de su identidad, incluso cuando la política europea ha intentado mirar en otra dirección.
Pero la irrupción del turismo lo cambió todo. Playas, hoteles y vuelos baratos transformaron la economía, pero también la sociedad. Los visitantes europeos, primero británicos y alemanes, luego casi cualquier nacionalidad, pasaron a formar parte del paisaje invernal. Después llegaron los nómadas digitales, atraídos por el clima y la conectividad. Y, al mismo tiempo, continuaron las llegadas de migrantes desde África en busca de oportunidades. Canarias se convirtió en un cruce de caminos, a la vez moderno y frágil.

3. Fortalezas y debilidades de un territorio singular.
Canarias sigue siendo, a pesar de los desafíos, un lugar privilegiado. Su clima templado es un imán constante que sostiene la principal industria del archipiélago. Este clima no solo atrae turistas, también conforma un entorno natural extraordinario: volcanes activos, bosques de laurisilva que sobreviven de la época terciaria, aguas cristalinas y fondos marinos que parecen otro planeta.
A esto se suma una infraestructura turística consolidada después de décadas: hoteles, aeropuertos, carreteras y servicios que funcionan con una profesionalidad reconocida internacionalmente. Y el REF, Régimen Económico y Fiscal propio, ofrece ventajas impositivas que facilitan la creación de empresas y centros logísticos. Por ello no es casual que cada vez más compañías tecnológicas vean en Canarias un puerto seguro, no solo en sentido geográfico.
También destaca el empuje hacia las energías renovables, con campos eólicos, placas solares y desalinizadoras que intentan reducir la dependencia del exterior. La posición estratégica, entre tres continentes, convierte a las islas en un punto clave para el transporte, las telecomunicaciones y la cooperación internacional.
Pero ninguna fortaleza está exenta de sombras. Canarias depende del turismo de una manera que ya muchos consideran excesiva. Cuando todo fluye, la economía prospera; cuando surge una crisis global, como la pandemia, el archipiélago queda al desnudo.
Además, el factor insularidad, que para el visitante puede ser un encanto, para el residente implica costes logísticos altos: casi todo debe importarse, desde alimentos hasta materiales de construcción. Esto repercute en los precios, en la competitividad y en el día a día de la población.
El desempleo, especialmente entre los jóvenes, continúa siendo uno de los grandes lastres históricos. Y la escasez de agua, agravada por el crecimiento demográfico, el turismo y el cambio climático, obliga a un uso intensivo de desalinizadoras, con todos los desafíos energéticos que ello implica.
Pero quizá la debilidad más palpable es la vivienda. Los precios del alquiler han subido de manera vertiginosa, impulsados por la expansión del alquiler vacacional y la llegada de extranjeros con mayor poder adquisitivo. Esto ha generado un clima social tenso, con manifestaciones masivas en 2025 que han marcado un antes y un después. Los canarios, literalmente, ya no pueden vivir en sus propios barrios. Y los nómadas digitales, paradójicamente, tampoco encuentran opciones asequibles.

4. Amenazas y oportunidades para un nuevo modelo territorial.
Canarias se enfrenta a riesgos reales que pueden comprometer su futuro si no se aborda una planificación seria. La masificación turística es uno de ellos: playas saturadas, senderos erosionados, tráfico en zonas ya colapsadas. El turismo descuidado puede devorar aquello mismo que lo hace atractivo.
La especulación inmobiliaria avanza con rapidez, desplazando a los residentes de sus hogares y transformando la vida cotidiana en una postal sin alma. El cambio climático añade incertidumbre: incendios más intensos, olas de calor, retroceso costero y presión sobre los ecosistemas marinos. La dependencia externa alimentaria, energética y logística deja a las islas expuestas a cualquier crisis internacional; y la presión sobre recursos esenciales (agua, suelo, litoral) obliga a replantear modelos urbanísticos que durante décadas dieron la espalda a la sostenibilidad.
Pero pese a los problemas, el horizonte canario está lleno de posibilidades. Una de las más claras es la diversificación económica. No se trata de renunciar al turismo —sería absurdo—, sino de complementarlo con sectores emergentes: tecnología, economía azul, investigación marina, agricultura sostenible, economía creativa. El auge de las energías renovables posiciona a Canarias como un laboratorio natural para experimentar con autosuficiencia energética. Su aislamiento, que a veces es un obstáculo, aquí se convierte en una ventaja.
También existe la oportunidad de impulsar un turismo distinto, más sostenible, menos masivo, más respetuoso con los recursos naturales. Muchas islas europeas ya han iniciado este camino y Canarias podría situarse entre las pioneras si decide hacerlo con ambición. La regulación de la vivienda es otro punto clave. Establecer zonas residenciales libres de pisos turísticos, limitar licencias, fomentar vivienda pública y aplicar políticas urbanísticas coherentes podría devolver estabilidad a los barrios y calidad de vida a sus habitantes.

5. Hacia una nueva planificación: cómo ordenar unas islas que no pueden crecer a ciegas.
Hay un elemento clave que explica por qué Canarias despierta tanto interés empresarial: La Zona Especial Canaria (ZEC), que ofrece uno de los tipos impositivos más reducidos de Europa. Su Régimen Económico y Fiscal (REF) consiste en un conjunto de excepciones reconocidas por la Unión Europea que permiten impuestos más bajos, incentivos a la inversión y ventajas a empresas que se instalan en las islas.
Esto convierte al archipiélago en un imán para startups tecnológicas, empresas logísticas y compañías que buscan operar desde suelo europeo… pero a solo 100 kilómetros de África. Una combinación que pocas regiones pueden ofrecer: ventajas de la UE con cercanía estratégica al continente africano y proyección hacia Latinoamérica.
El desafío es convertir esa ventaja fiscal en algo más que atractivo para operadores externos. El reto está en que genere empleo cualificado, innovación real y una economía más diversificada que no dependa únicamente del turismo. Además de incentivar la creación y rehabilitación de edificios que de una forma planificada, aumente y modernice la oferta de vivienda u oficinas.
Planificar el territorio en un archipiélago fragmentado, diverso y extremadamente limitado no es solo un ejercicio técnico: es, literalmente, decidir cómo será la vida en las islas dentro de veinte o treinta años. Canarias está en un punto de inflexión. Si quiere aprovechar su posición estratégica, su REF y su atractivo para empresas tecnológicas, necesita un modelo territorial que distinga con claridad qué se protege, qué se desarrolla y qué se transforma.
Las Palmas de Gran Canaria, históricamente vinculada a la actividad portuaria y al comercio internacional, tiene una particularidad que pocas ciudades atlánticas pueden reivindicar: fue durante siglos una base militar y punto de defensa estratégica. Desde las incursiones piratas del siglo XVI hasta su papel en la dictadura, la ciudad creció con un componente castrense que marcó barrios, cuarteles y espacios que hoy se reinterpretan.
Hoy el futuro del arsenal y el puerto está ligado a lo logístico y tecnológico. La ciudad ya ha comenzado a transformarse en un hub digital, con oficinas en crecimiento en torno a la zona portuaria, en áreas como Mesa y López o en el istmo. Con una planificación adecuada, Las Palmas podría consolidar un distrito tecnológico similar a los de ciudades atlánticas como Lisboa o Dakar, pero con la ventaja del marco europeo.
Santa Cruz de Tenerife, más institucional y administrativa, tiene también un potencial enorme para convertirse en centro de servicios avanzados. Su proximidad con La Laguna —ciudad universitaria, científica y cultural— permite pensar en un eje metropolitano donde universidades, empresas tecnológicas y coworkings formen un corredor de innovación que atraiga talento sin expulsar a la población local.

6. La movilidad: el otro gran eje para unir un territorio roto por el mar.
Hablar de planificación territorial en Canarias sin hablar de movilidad sería ignorar la mitad del problema. Las islas, por definición, están fragmentadas, y eso condiciona tanto la vida cotidiana como la economía. Pero la movilidad no es solo la conexión entre islas: es también cómo se mueven las personas dentro de cada isla, cómo se enlazan los barrios y núcleos urbanos, cómo se articula la vida diaria de trabajadores, estudiantes, turistas y transportistas.
Las conexiones marítimas —Naviera Armas, Fred. Olsen, Líneas Romero— han convertido al archipiélago en una auténtica red interior. Hoy se puede ir y volver en el día entre Gran Canaria y Tenerife, o entre Lanzarote y Fuerteventura, algo impensable hace décadas. Las rutas interinsulares por aire, dominadas históricamente por Binter y ahora por CanaryFly, han logrado que el avión sea casi un “guagua aérea”.
Estas conexiones no solo facilitan movilidad: permiten que las islas funcionen como un sistema económico común. Empresas con sedes distribuidas, profesionales que trabajan en una isla y viven en otra, estudiantes que vuelan semanalmente… La integración real del archipiélago pasa, en buena medida, por aquí.
Además, la posición de Canarias como puente entre continentes hace que las conexiones exteriores no sean solo necesarias: sean estratégicas. Con la Península, las rutas aéreas son intensas: Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, Valencia… La conectividad garantiza turismo, comercio y vínculos familiares. Y con Marruecos, aunque históricamente irregulares por razones políticas, se están reactivando progresivamente, tanto marítimas como aéreas. Tánger, Agadir, Casablanca o Laayoune son puertas naturales hacia un mercado de más de 30 millones de personas a menos de dos horas de vuelo. Estas conexiones bien podrían potenciar una cooperación económica, energética y universitaria que aún está en pañales.
Pero la mayor parte de la movilidad diaria ocurre dentro de cada isla, y aquí es donde Canarias tiene su reto más complejo: carreteras congestionadas y un transporte público que, aunque digno, no cubre las necesidades de un territorio que ha crecido mucho más rápido que su infraestructura.
- Gran Canaria, el proyecto del tren del Sur: El tan debatido tren de Gran Canaria, que uniría Las Palmas con Maspalomas y el aeropuerto, es probablemente la gran infraestructura pendiente del archipiélago. Pero en la propia ciudad de Gran Canaria, una apuesta por el tranvía, la ampliación de los carriles-bici o el soterramiento de la GC-1 para humanizar la costa este, sería una auténtica columna vertebral para la isla.
- Tenerife, un modelo híbrido con tranvía, guaguas y futuro tren: Tenerife ya cuenta con un tranvía moderno que articula Santa Cruz, La Laguna y su universidad. Es una prueba de que la movilidad guiada funciona en Canarias. Además, se estudian proyectos para ampliar la red de tranvía hacia nuevas áreas metropolitanas, reorganizar las líneas de guaguas para conectarlas mejor con los intercambiadores, y avanzar en el tren del Sur y el tren del Norte, iniciativas que siempre vuelven al debate público por su impacto ambiental, pero que también responden a una necesidad evidente: la TF-1 y la TF-5 llevan dos décadas superadas.
La planificación territorial y la movilidad son la misma cosa en Canarias; sin transporte público eficiente, ninguna estrategia de sedes tecnológicas, ciudades compactas o distribución de usos del suelo será viable.
Si Canarias quiere atraer inversión, integrar sus capitales, conectar mejor con África y con la Península, y mantener calidad de vida para su población, necesita una movilidad que descongestione, integre y una. Una movilidad que entienda que las islas, aunque pequeñas, tienen vocación de puente mundial.

7. Profundizar en el autogobierno: un futuro que exige decisiones valientes.
Canarias no es un territorio cualquiera. Es un archipiélago fragmentado, alejado del continente europeo y con realidades muy distintas entre islas. No es lo mismo vivir en una capital insular que en una isla no capitalina, ni afrontar los retos de una isla turística masiva que los de una con población envejecida o en riesgo de despoblación. En este contexto, que las decisiones se tomen desde las propias islas permite un mayor conocimiento del territorio y de sus problemas reales.
Su Autonomía ha facilitado que Canarias pueda adaptar políticas públicas a sus circunstancias: desde la ordenación del territorio y la protección del paisaje, hasta la sanidad, la educación o el transporte interinsular. También ha permitido defender mejor sus singularidades económicas, como el Régimen Económico y Fiscal (REF) o su condición de Región Ultraperiférica dentro de la Unión Europea, reconocimientos que no existirían sin una voz política propia.
Por supuesto, el autogobierno no es una solución mágica. No basta con tener competencias si no se gestionan bien. Pero eso no invalida el modelo; al contrario, refuerza la idea de que profundizar en un autogobierno útil, bien gestionado y pensado para el interés general puede ser una de las claves para afrontar los retos presentes y futuros del archipiélago.
En este sentido, tener un sistema fiscal propio, similar a un concierto económico canario, podría ser el instrumento que permitiera a Canarias dar un salto estratégico. Recaudar y gestionar todos sus impuestos permitiría diseñar una fiscalidad pensada para atraer inversión internacional, talento, innovación y empresas tecnológicas, no solo turismo. Canarias podría posicionarse como un hub atlántico entre Europa, África y América, algo que geográficamente ya es, pero que fiscalmente aún no explota del todo.
Canarias sigue siendo un territorio afortunado, sí, pero esa fortuna ya no puede darse por sentada. El archipiélago está en un punto de inflexión histórico: o apuesta por un equilibrio entre desarrollo y sostenibilidad, o corre el riesgo de perder aquello que lo hace único.
El reto está en diseñar un modelo donde el turismo conviva con la calidad de vida de los residentes; donde las energías renovables reduzcan la vulnerabilidad; donde la vivienda sea un derecho y no un lujo; donde la biodiversidad sea un activo a proteger, no un recurso a explotar.
Las Islas Afortunadas no necesitan ser perfectas; solo necesitan que su futuro se construya con la misma paciencia con la que el océano moldeó sus costas. El potencial está ahí: diverso, volcánico, luminoso. Y merece ser cuidado.







